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martes, 20 abril, 2021

Kawamura Genki: una vida redescubierta a la sombra de un centenar de flores

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Claro y oscuro, solo unos días para encontrar que a pesar de la noche, el sol volverá. Izumi trabaja para una discográfica, y al poco tiempo sabe que se convertirá en padre y enfrentará la tristeza de la madre de Yuriko, quien pierde la memoria, el camino y las palabras. Está desorientado, es una rama en la danza de las emociones.

Kawamura Genki, de 41 años, habla sobre este ciclo de vida en No olvides las flores, traducido por Anna Specchio (felicitaciones y también por la nota de la página 305). Puedes empezar con flores. La funda, diseñada por Anna Regge, tiene rasgos elegantes y delicados. Son anémonas, flores del viento, bailando, sacudidas, como Izumi, por los torbellinos de la vida. Hay flores del nombre original en japonés y un centenar de flores. Porque las flores tienen la belleza de la vida floreciente y la tristeza que se desvanece de los recuerdos, que llevan consigo reflexiones sobre el amor y la muerte, las caídas y la amnesia, el pasado y la herencia. La novela está inspirada en la enfermedad de Alzheimer de la abuela del autor. Ya en el primer libro exitoso de Kawamura Si los gatos desaparecieran del mundo (Einaudi), todo empezó con un hecho personal, la pérdida del teléfono, sobre el que el escritor construyó un reflejo de la mortalidad.

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Nuevo romance

En la nueva novela, los personajes principales bailan al borde de la memoria. La madre de Yuriko era profesora de música, vive sola, como Izumi, se crió sola y empieza a olvidar. De la cabeza se dan palabras, fragmentos de vida. Una vez que Izumi se perdió, ahora Yuriko está perdida, y su hijo solo puede elegir el hogar familiar para ella. Es una decisión dolorosa en la que Kawamura nos acompaña con gran delicadeza, en un tono que caracteriza a toda la novela, que reproduce una narrativa asociada al rakugo, una forma teatral tradicional de entretenimiento verbal íntimo. Izumi es un magma inquieto, busca, excava, se abruma de preguntas, principalmente porque su madre, cuando era pequeño, desapareció durante un año. 1995 fue un año dramático, destrozado por el terremoto de Kobe del 17 de enero. ¿Por qué esta ausencia? Izumi se acerca a su madre y la descubre, porque cuanto más querida es una persona para nosotros, menos la conocemos. ¿La conoció alguna vez, la madre de Yuriko? Cuales son sus secretos? ¿Y los latidos de su corazón?

Una enfermedad que hay que repensar

La mujer se seca, el hijo sufre y la vuelve a encontrar. Cada página es una pérdida y una revelación, como si la vida fuera un reloj de arena. Lo que sale se devuelve inmediatamente para restablecer el equilibrio del vacío, porque, como dice la esposa de Izumi, Kaori, «tal vez perder algo significa crecer». Le pasa a una madre cuando deja de amamantar, con un bebé cuando deja la mano de sus padres, con un niño cuando ve que mamá y papá se van. La adquisición de la belleza por sustracción, como en los tormentos de mármol de Miguel Ángel. Las palabras de Kaori resuenan en la cabeza de Izumi. Y en el nuestro. ¿Qué perdemos y qué encontramos? ¿Cuál es el significado último de ser niños? ¿Cuanto más sanas se recuerdan las heridas o más quedan en la memoria?

Mientras tanto, un día Yuriko le recuerda a su hijo que no olvide las flores cuando regrese a visitarla. Cientos de colores de nombres o incluso fuegos artificiales que admiran juntos. Justo en este momento, frente a las flores que brotan del cielo, Izumi nota algo nuevo: «El tono de voz de mamá era como el de una niña, era una persona diferente a la que presenció los fuegos artificiales unos minutos antes». Yuriko es una persona diferente, al igual que Izumi. Es una hermosa flor de anémona.

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