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miércoles, 30 septiembre, 2020

Yecla, el seminario, la guerra

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Porque éstas son las tres circunstancias que han marcado la vida y la obra del escritor yeclano José Luis Castillo-Puche. La primera de ellas, Yecla, el pueblo que le vio nacer, determinaría la creación de una realidad literaria propia, Hécula, escenario de novelas en las que vuelca el escritor recuerdos, vivencias, odios y amores con el sello característico de la verdad vivida, gozada y sufrida. El paisaje y las gentes de Hécula van a formar parte de este universo particular, cerrado en sí mismo, con el que ha dibujado Castillo-Puche, con trazos gruesos y oscuros, la angustia y el dolor, pero también, con otros delicados y luminosos, la esperanza y la ternura.

En julio de 1919 nace en Yecla Castillo-Puche en el seno de una familia muy religiosa («… en Hécula tienen la religión metida en los tuétanos».). Su madre es Concepción Puche, la Clara o la Mayordoma. Es el pequeño de cuatro hermanos y tiene solo cinco años cuando muere su padre e ingresa, rigurosamente vestido de luto, en el Colegio de los Escolapios. Este pobre huérfano, este Pepico desvalido, recordará muchos años después en ‘El libro de las visiones y las apariciones’ «que por aquel tiempo yo seguía con un babero negro, luto, siempre luto, no ya el luto por mi padre, sino lutos que venían por todas partes, luto que se cernía sobre mí, sobre mi alma infantil».

La familia tiene que marcharse de Yecla porque la situación es insostenible («… se habían despertado las envidias y andaban sueltos los odios y las venganzas personales… y un aire matón y revanchista recorría los callejones y las viviendas»). Su destino es Murcia. Pero allí tampoco van a escapar del temor y la incertidumbre («los milicianos entraban en las casa cada dos por tres, siempre con el pretexto de buscar algo o a alguien. /…/ Y, naturalmente, irrumpieron en nuestra casa gritando y atropellando, como siempre»).

«La noche ruidosa, mitad bronca, mitad deleite, se echaba encima. Toda Murcia hervía con sus gritos»

A los diez años ingresa en el Seminario de San Fulgencio de Murcia. Son años difíciles y duros. El escritor inicia un camino que luego resultó que no era tal. Sus libros ‘Sin camino’ y ‘Como ovejas al matadero’, en los que se vive la frustración de la vocación sacerdotal, son un reflejo de las vivencias que, en primera persona, sufrió Castillo-Puche en el Seminario de Murcia y, diez años más tarde, en la Universidad Pontificia de Comillas. Sin duda el temperamento inquieto del joven seminarista no se avenía muy bien con los rigores y la disciplina de esta institución. Parece ser que Dios no lo llamó por ese camino, y comenzó su carrera literaria profesional como escritor y periodista.

Un tambor delirante

El estallido de la Guerra Civil española se produce cuando Castillo-Puche acaba de cumplir los diecisiete años. Está en Murcia y presencia de cerca la violencia y barbarie más extremas. En la novela ‘Como ovejas al matadero’ comprende el lector que son muchas más las ovejas que van al matadero: los seminaristas sin vocación y las víctimas de la guerra. En el final de esta obra «la noche ruidosa, mitad bronca, mitad deleite, se echaba encima. Toda Murcia hervía con sus gritos perdidos, sus múltiples campanas, sus agresivos altavoces, y en los ratos de silencio, la huerta entera era también como un tambor delirante de mugidos apagados de vez en cuando por el compacto fragor de la grillería total».

Si al nacimiento en una tierra seca, de fríos heladores y calor sofocante, añadimos un ambiente familiar rígido e intolerante, el desencanto de la vocación frustrada y las vivencias desoladoras de la Guerra Civil, quizá podamos comprender por qué la literatura de Castillo-Puche -sobre todo la que se desarrolla en Hécula- tiene esa raíz áspera y bronca que puede convertirse poco después en ternura y compasión.

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