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jueves, 2 diciembre, 2021

El estudio confirma la mejora psicosocial de los menores criados en familias colaboradoras.

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Estudio “Familias cooperantes: un estudio de familias, infancia y juventud con procesos de aprendizaje y colaboración”, desarrollado por la Universidad de Sevilla y Crecer con Futuro en colaboración con la Consejería de Igualdad, Política Social y Conciliación. confirma la evidencia científica de que las alternativas familiares a los internados se consideran las más positivas para el correcto desarrollo psicosocial de los niños. bajo la tutela del gobierno. Este estudio fue realizado por Esperanza León, líder del proyecto, Nuria Molano y Jesús M. Jiménez-Morago, profesores del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, junto con la psicóloga Ana Isabel Gallardo.

En Andalucía El programa Familias Colaboradoras es una medida de protección administrada e implementada por la Junta de Andalucía a través del Servicio de Protección de Menores. (SPM). Este recurso altruista y solidario está dirigido por adultos que están disponibles y deciden compartir momentos de ocio en determinados momentos (generalmente fines de semana, festivos y vacaciones) con una niña, niño o adolescente que vive en el centro de protección. Habitualmente la convivencia con un niño o niña se produce en el hogar de una familia colaboradora o en el lugar donde pasan sus vacaciones.

Como refleja el estudio, en general, la adaptación del menor a su familia colaboradora fue muy positiva. El 92,4% de los empleados se mostró muy satisfecho con la adaptación. Las relaciones personales de estos menores con miembros de la familia colaboradora se valoraron muy positivamente, alcanzando 4,4 puntos en una escala del 1 al 5. El clima familiar fue en general bastante positivo, con bajos niveles de estrés parental. En cuanto a la integración en el entorno escolar, la mitad de las familias participantes en el estudio (52,2%) la valoraron de forma muy positiva.

Por otro lado, con respecto a la evolución de los niños y niñas estudiados, se aprecian avances significativos tanto en las evaluaciones de las familias colaboradoras en las distintas áreas de desarrollo estudiadas (físico, cognitivo, emocional y social) como en las evaluaciones. en el ámbito académico (adaptación, desempeño, motivación e integración). La inmensa mayoría de estas familias (83%) estaban satisfechas con el desarrollo de niños y niñas.

En general, estos resultados ponen de manifiesto el importante efecto positivo que las políticas de centro alternativo y vínculo familiar tienen en este grupo de menores a la hora de colaborar a través de este recurso.

Perfiles estudiados

En el estudio, realizado en 2018, participaron 64 familias cooperantes que operan en la capital y provincia de Sevilla, así como 53 menores que colaboraron con ellas y que en ese momento vivían en distintos centros de protección de la misma provincia y su capital. A partir de la información proporcionada por las familias colaboradoras participantes en el estudio, los autores se propusieron, entre otras cosas, analizar las características del perfil sociodemográfico de las familias colaboradoras; estudiar conjuntamente las características sociodemográficas de la niñez y la adolescencia; conocer cómo se desarrollaron los primeros momentos de cooperación y adaptación de estos menores a la familia; estudiar el estado actual y la evolución de los niños y niñas durante la cooperación, así como el grado de satisfacción de las familias con éste y otros aspectos de la cooperación familiar; estudiar el perfil psicológico de las familias colaboradoras, además del funcionamiento y la dinámica familiar, y estudiar el desarrollo socioemocional y la adaptación de la conducta cooperativa en niños y niñas, y la presencia de síntomas asociados a los trastornos del apego, entre otros aspectos.

La edad media de los empleados y trabajadoras fue de unos 45 años, con predominio de personas con estudios superiores y actividad laboral activa, con trabajo fuera del hogar. La mayor parte del personal trabajó en las áreas de enseñanza y ciencias sociales, mientras que el personal trabajó en las áreas de administración pública y educación. La mayor parte de la estructura familiar consistía en parejas cooperantes con hijos e hijas biológicos.

En cuanto al perfil sociodemográfico de niñas y niños, la edad promedio fue de unos 14 años, todos estaban en la escuela y la mitad de ellos completó la educación secundaria obligatoria (ESO). La inmensa mayoría de estos menores tiene hermanos o hermanas, pero solo la mitad vive con ellos en el centro.

El historial médico de estos menores sugiere que en su mayoría son niños y niñas sanos, aunque una cuarta parte tiene una enfermedad crónica, síndrome o trastorno diagnosticado durante el estudio, y alrededor de un tercio tiene algún tipo de discapacidad. principalmente del tipo mental. En cuanto a la historia de casos de maltrato previamente identificados, destaca el porcentaje de negligencia (26,4%) y maltrato psicológico (24,5%) frente a otros tipos de maltrato.

En cuanto a la historia de la institucionalización, casi todos los niños y niñas pasaron por otros centros de protección – en promedio 8 años en instituciones residenciales – antes de comenzar a trabajar con las familias. Similar, aquellos niños y niñas que han pasado por más centros anteriormente tenían más problemas emocionales y con mis compañeros. Los que ingresaron a los centros de protección a una edad más temprana también mostraron más problemas de conducta, al igual que los menores que pasaban más tiempo en entornos institucionales.

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